domingo, octubre 13, 2013

APRENDER-ENSEÑAR AYMARA

“La educación es un proceso de socialización ordenado y prescrito por la cultura y normas sociales. Tiene por objetivo central, desarrollar determinadas conductas, valores, habilidades y comportamientos que permitan la reproducción, preservación y trascendencia social del grupo social”.
Esto nos lleva a pensar que la educación es una base fundamental para la sociedad. Por otro lado, José Marti nos dice que la lengua es el producto y forma en voces del pueblo que lentamente la agrega y acuña. El lenguaje es la realidad inmediata del pensamiento en la conciencia real práctica del hombre. Constituye la lengua uno de los rasgos de la identidad de los pueblos, no procede verla solo en el sentido formal sino que constituye también un reflejo de su pensamiento, de ahí que estemos comprometidos a cuidarla, enriquecerla y en sentido general contribuir a su prestigio y engrandecimiento de manera que sintamos un sentimiento de lealtad lingüística y una actitud de orgullo hacia esa lengua que hablamos. Pero el dilema en el que estamos enfrascados es: a que lengua vamos a cuidar y enriquecer para sentir orgullo de nuestra identidad? A la lengua materna que en el contexto urbano es casi siempre el castellano que no refleja nuestra identidad ancestral, ni aporta a la conciencia social de nuestro pueblo? O a nuestra lengua “abuela” que es una herencia cultural que por medio de la colonización está en proceso de desaparición forzosa que sí está acorde con los conceptos filosóficos, forma de vida y cosmovisión de nuestro pueblo y en sus raíces genera dignidad y orgullo por lo que realmente somos?
La respuesta a estas preguntas puede ser la clave para dotarnos de una verdadera identidad nacional y con nacional me refiero a cada una de las nacionalidades que pluralizan nuestro país y de éste modo romper esquemas mentales alienados por años y años de colonización y posteriormente globalización, para conseguir finalmente la tan ansiada DESCOLONIZACIÓN. Pero para responder las preguntas anteriores es necesario reconceptualizar todo lo que ya tenemos conceptualizado. Primeramente el hecho de asumir la enseñanza y aprendizaje de la lengua aymara como una manera de descolonización y apuntando a un sentido más de vida que el simple sentido utilitario con el que estamos entendiendo este proceso. O sea, no aprender para poder entender a las personas de la tercera edad o a la gente que vive en el campo y no entiende el español, si no para entender las raíces más internas de nuestra propia cultura, mirando el mundo desde el sentido aymara, desde su lengua, su forma de comunicación que es lo que probablemente le haya dado vida a todo lo demás, culturalmente hablando.
Luego, el recapacitar acerca de las taras mentales que tenemos sobre lo que esta atrás y lo que está adelante, lo que está arriba y lo que está abajo. La mirada aymara coloca el futuro incierto, desconocido, invisible atrás y el pasado conocido, visible hacia adelante como una mirada diferente acerca del tiempo y el espacio, mirada que está estrechamente ligada con conceptos lingüísticos aymaras, para de una vez por todas sentir orgullo de nuestra cultura y no relegarla a un puesto inferior como se ha hecho por medio de la fuerza por más de quinientos años sin despreciar las otras culturas de las que de alguna u otra manera también somos parte, tratando de vivir INTERCULTURALMENTE de verdad, sin estratificar las culturas sino en convivencia armónica entre todas.
Por último, descubrir que la lengua aymara es todo un constructo subjetivo que forma parte y es trascendental para la cultura aymara, así como otras lenguas lo son para la cultura de la que forman parte y que ésta lengua no es un simple hecho folklórico, una moda o algo exótico con lo que se puede aparentar. Si no es base para entender y comunicarse con nuestra propia cultura que esta olvidada y oculta, es importantísimo el proceso de enseñanza y aprendizaje de la lengua aymara pero partiendo de esta concientización, conceptualización y contextualización antes que un aprendizaje técnico metódico ya que vale más aprender un significado filosófico de la lengua que memorizar cien palabras, vale más intentar pensar en aymara que intentar entender su gramática estructural. De esta manera podremos aportar de gran manera al proceso que recién empieza y del cual formamos parte con la suerte de ser sus iniciadores.